Educar en contextos modernos es una tarea difícil, más cuando existe despreocupación de algunos padres y la rebeldía de los niños crece con facilidad. Los niños son como un fosforito, medio lo tocas y se enciende, pero así mismo, como se enciende puede apagarse esa llama, esa chispa que lo hace especial.
Como docentes debemos educar en el hacer, y aunque hay que conservar la distancia y el respeto, hay que volvernos amigos de nuestros estudiantes, educarlos en el ser, eso es mas importante todavia. El maestro debe ser un gran observador, debe identificar cuando un estudiante tiene problemas, cuando necesita de un bueno consejo, de ayuda.
Algunos docentes caen en el error de juzgar a un estudiante a la primera, sin averiguar el por qué de su comportamiento, contribuyendo a un daño sicológico mas grande, apagando poco a poco la llama de esa chispa natural de un estudiante, cortandole las alas, impidiendole su libre expresion.
Mas bien un educador debe fortalecer en su estudiante esas fortalezas, esos gustos propios, ayudarle a volar desde la realidad, a valorarse a si mismo, a quererse y querer a los demás.

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